Subtítulo: Diario de una madre desesperada, rabiosa, indignada... (sigue tú)
Qué pequeños nos hacen las grandes empresas a los consumidores de bien. Nos absorven en su engranaje, al igual que en aquella escena de “Tiempos modernos” hacía la máquina que engullía a Charlot, un insignificante obrero de fábrica.
Así me sentí ayer en el aeropuerto de Málaga. Acometíamos la empresa de que mi hijo, menor de edad aún, viajase sólo hacia Barcelona al encuentro de sus tíos. Ya nos habían informado en la agencia de viajes que a partir de doce años los niños vuelan como adultos, es decir, sin acompañamiento de azafatas.
La primera objeción fue descubrir que el billete que habíamos comprado de la compañía Iberia fue cambiado, a la hora del embarque, por otro vuelo de la compañía Clirklay sin previo aviso. Al parecer, Iberia vuela con los aviones de dicha compañía.
Pero lo bueno estaba por venir. A las 11:10 h, aproximadamente, me despedí de mi hijo que pasó a la sala de espera para el embarque, ya que el vuelo partía a las 12:10 h. Desde ese momento comenzaron a sucederse anuncios de retraso cada media hora; informándoles, cuando eran más de las 13:00 h, que el avión había sufrido una avería en los motores y que no sabían cuando partiría el vuelo. A las 14:00 h. les comunican que no se preocupen que les van a dar un almuerzo. Mientras tanto comienzan a llegar los pasajeros del siguiente vuelo a Barcelona, el de las 14:20h, que ya soñaban con coger el primer grupo en el que se encontraba mi hijo. Pero no fue así. A las 14:30h dieron la orden de embarque del segundo grupo. Aquí se creó un momento de desconcierto e indignación entre el pasaje, que no vio justa esta medida, con lo cual algunos pasajeros se colaron con el otro grupo y hubieron de ser devueltos a la sala de espera.
Suma y sigue:
A las 14:45h. me llama mi hijo muy contento porque le habían avisado para que embarcase en este polémico vuelo. Parece ser que fueron nombrando a algunas personas para completar el pasaje. Le cambiaron el billete por otro y tan feliz. Sólo faltaba contar una hora y media, que es lo que tarda el vuelo Málaga- Barcelona.
Y llegamos al tercer escollo: Una vez en Barcelona, me comenta mi hijo que su equipaje no sale por la cinta, que cada vez va quedando menos gente y su equipaje no aparece, al igual que los de otras personas. Después de mucho, les informan que el equipaje viene en el susodicho avión averiado, que tardaría una hora más en llegar y que no podían abandonar la estancia hasta que no tuvieran su equipaje. Total, que a las 19:35 h.me llamó de nuevo mi hijo anunciándome que por fin se había reunido con sus tíos, concluyendo así su pesadilla.
Ante todo esto qué te queda: reclamar. ¿Reclamar el retraso, el cambio de billetes, el que tuviese que pagar su propio almuerzo en el avión, el sinfín de llamadas telefónicas...? ¿o la angustia, el desconcierto, la desinformación, el abandono, la impotencia... que sentimos?
Ha sido una nefasta experiencia que esperamos, con el tiempo, se convierta en una anécdota para compartir con los amigos.
Derechos de los usuarios de vuelo.Tags: mi blog y yo, aeropuerto