Cuando en 1990 la UNESCO premió el Programa de Alfabetización de la Junta de Andalucía, todos celebramos este reconocimiento institucional como una inyección de estímulo para los centros, aunque materialmente todo siguió igual. Sin embargo, las iniciativas gubernamentales en cuanto a educación son logros conseguidos en las sociedades democráticas del primer mundo, no ocurre así en el resto del planeta. Allí, son las ONG las que vienen a llenar el vacío que dejan las administraciones públicas, como es el caso de Afganistán donde trabajan 4.000 ONG velando por los derechos humanos de la población, completando la actuación de los organismos internacionales.
Hace poco leía un artículo de Mikel Ayestarán publicado en la revista Mujer Hoy sobre la barcelonesa Mónica Bernabé, fundadora de la Asociación por los Derechos Humanos en Afganistán /
(ASDHA), que lleva trabajando en el país desde hace seis años a favor de los derechos de la mujer, que supone el 52% de la población afgana, y que aún una gran mayoría de ella vive invisible bajo el burka. En él se informa sobre la labor que lleva a cabo dicha asociación y la situación en la que se encuentra la mujer cinco años después de la caída del régimen talibán, donde la nueva Constitución está supeditada a la “sharia”:
Continúa la práctica de las lapidaciones. En cuanto al mundo laboral, el escaso número de mujeres trabajadoras no lo hacen en trabajos de cara al público, únicamente las pocas que trabajan en organismos internacionales. Y sólo el 18% de la población femenina ha recibido educación.
Actualmente, entre otras actuaciones, la asociación mantiene abiertos cinco centros de alfabetización en la capital.
Esta situación me hace reflexionar sobre el papel de la mujer en la sociedad española y lo mucho que hemos conseguido en la lucha por la igualdad entre los sexos en poco más de un siglo.
En nuestros centros de educación de adultos, ahora llamados centros de educación permanente, los grupos de alfabetización están compuestos por mujeres mayoritariamente. Y son tantos los testimonios que nos narran sobre las causas de su no escolarización infantil, con un hilo conductor común: la guerra civil y la posguerra. Pero aún así, admiten que sus hermanos varones sí fueron a la escuela, ellas tenían que ayudar en casa cuidando de sus hermanos pequeños, y con aprender las tareas del hogar tenían suficiente para en el futuro ser “una mujer de su casa”.
Hoy día, para ellas la alfabetización ha supuesto además de la integración en la sociedad letrada una independencia personal y poder sentirse más libre, desarrollando habilidades sociales que hasta ese momento eran impensables, y que empiezan con algo tan sumamente importante como saber escribir su propio nombre. Es así como el ser humano reafirma su identidad como persona.
El derecho a la educación es uno de los derechos primordiales por lo que hay que luchar en cualquier sociedad para hacer individuos conscienciados de su realidad y protagonistas de su propia historia.
Tags: alfabetización, mujer