Se avecinan cambios importantes en la educación de adultos. Los pasos ya están dados, sólo falta empezar a funcionar en el próximo curso. Pero como en tantas ocasiones, la administración educativa acomete los cambios, por otro lado necesarios, sin la participación del profesorado. Y dejando flecos sueltos que los decretos no terminan de hilar. Son muchas las dudas y cuestiones no resueltas de cara al curso 2006/07. Ahora las miradas están puestas en septiembre.
Hace poco he leído el artículo de Pedro Ramírez Ortiz, Coordinador Provincial de Educación Permanente de Granada, publicado en la revista Insomnio
Insomnio donde analiza los veinte años que han pasado desde que comenzó el Programa de Educación de Adultos hasta hoy, y explica la nueva situación en la que quedan los centros. Pero lo más interesante de este artículo es la exposición de premisas que plantea para que el cambio sea efectivo: la dotación de recursos humanos y materiales; la coordinación entre centros implicados en la formación permanente de adultos y la coordinación entre las distintas Consejerías; la formación del profesorado y, por último, la implicación de los maestros y maestras en el cambio.
A todo ello se suma una cuestión de tipo laboral y administrativa, que aunque pueda parecer un asunto de carácter sindical, encierra unas raíces más profundas que pueden horadar la gestión de un centro . Queda por resolver el tema de los agravios comparativos entre el colectivo de funcionarios y laborales que trabajan codo con codo en los centros, tales como antigüedad, desplazamientos, cargos directivos..., que en momentos de cambio afloran como viejos problemas no resueltos.
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